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Adán y Eva

Siento tu calor,
en el invierno
y escucho tu voz,
en el silencio.

Cuando tú no estás,
huelo tu aroma 
intuyo el amargor
de mis derrotas.

Y en la oscuridad me miras,
me abrazas y me ves llorar,
ves mis sueños.

Cada vez que tocas mi cuerpo,
derrumbas mis miedos.
Matas al gigante de mi dolor.
Cada vez que me siento preso,
me sacas de dentro
y como un niño aprendo,
a caminar despierto
y en tu lecho nazco yo.

Vivo en el edén,
de tu consuelo
cuando me haces ver
donde tropiezo.

Juego a imaginar
otras manzanas
ya aprendí que no
saben a nada.